Ramón Ruiz Alonso nació el 14 de noviembre de 1903 en Villaflores, un pequeño pueblo de la provincia de Salamanca, en el seno de una familia humilde. Se formó con los salesianos en Salamanca, donde entabló amistad con José María Gil-Robles, relación que sería decisiva para su futuro político. De profesión tipógrafo, Ruiz Alonso representaba el perfil de obrero que logró abrirse camino en la vida pública en un periodo de intensas tensiones sociales y políticas.

Tras la proclamación de la Segunda República, se implicó activamente en la política. En un primer momento se afilió a las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), organización de ideología fascista, participando en acciones callejeras violentas contra grupos de izquierda. Poco después, bajo la influencia de Gil-Robles, se integró en Acción Popular, el principal partido de la coalición derechista CEDA, desde donde desarrolló su carrera parlamentaria.

En 1933 fue enviado a Granada para trabajar como tipógrafo en el diario Ideal, al tiempo que se matriculaba en Ciencias Sociales en la Universidad de Granada. Su estancia en la ciudad estuvo marcada por fuertes enfrentamientos políticos. Sus discursos y actitudes le granjearon una profunda enemistad con amplios sectores obreros y de izquierda, que lo apodaron despectivamente el “obrero amaestrado de la CEDA”. Tampoco mantuvo buenas relaciones con los falangistas locales, pese a compartir con ellos una ideología autoritaria y antidemocrática.

Entre 1933 y 1936 fue diputado en las Cortes por la circunscripción de Granada. Su etapa parlamentaria estuvo marcada por un estilo combativo y agresivo, tanto en sus intervenciones como en su comportamiento personal, llegando incluso a protagonizar un altercado físico con otro diputado en los pasillos del Congreso. Tras perder su escaño en 1936, en un contexto de acusaciones de fraude electoral, su radicalización política se acentuó.

Con el estallido de la Guerra Civil en julio de 1936, Ruiz Alonso se unió de inmediato a las fuerzas sublevadas en Granada y participó activamente en la represión contra republicanos y militantes de izquierdas. En ese contexto, el 16 de agosto de 1936, encabezó el grupo que detuvo a Federico García Lorca en la casa de la familia Rosales, donde el poeta se había refugiado. Pese a la oposición de sus anfitriones, Ruiz Alonso ordenó su traslado al Gobierno Civil. Días después, Lorca sería asesinado cerca de Víznar y Alfacar, en un crimen que conmocionó a España y al mundo.

El grado exacto de responsabilidad de Ruiz Alonso en el asesinato ha sido objeto de debate histórico. Algunos estudios señalan que su papel fue decisivo en la detención, mientras que otros subrayan que el crimen respondió a una combinación de venganzas políticas, odios personales y represión generalizada. En cualquier caso, su nombre quedó inseparablemente unido a aquel suceso.

Tras abandonar Granada, se trasladó a Salamanca, donde trabajó en tareas de propaganda del bando sublevado y publicó un libro de contenido ideológico. Sin embargo, su carrera quedó pronto truncada: fue apartado de los círculos de poder del régimen franquista, en parte por el peso incómodo del caso García Lorca. Nunca volvió a ocupar cargos relevantes durante la dictadura.

En sus últimos años, y especialmente a partir de la década de 1970, el renovado interés por la figura de García Lorca lo situó de nuevo bajo el foco mediático. Receloso y esquivo, rechazó dar entrevistas y llegó a amenazar con acciones legales a periodistas e investigadores. Tras la muerte de Franco, se trasladó a Estados Unidos y se instaló en Las Vegas, donde vivía su hija. Allí falleció en 1978 por causas naturales. Sus cenizas fueron trasladadas años después a Madrid.

La figura de Ramón Ruiz Alonso permanece como un ejemplo controvertido de cómo la radicalización política y la violencia marcaron a una generación, y como uno de los nombres asociados para siempre a uno de los episodios más oscuros de la historia cultural y política de la España del siglo XX.

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