
Rafael García-Duarte Salcedo nació el 10 de agosto de 1894 en Granada, en el seno de una familia de tradición médica. Desde joven mostró una gran curiosidad intelectual y un firme compromiso con los ideales liberales, al igual que su primo hermano, el escritor Francisco Ayala García-Duarte, vinculándose a la Generación del 27.
En 1911 inició sus estudios de medicina en la Universidad de Granada y pronto se involucró en la actividad política como miembro de las Juventudes Socialistas. Se graduó en 1918 con premio extraordinario, y comenzó su carrera en la medicina militar, primero en el Ejército de Tierra y más tarde en la Armada.
En 1920 obtuvo el doctorado en la Universidad Central de Madrid y realizó una estancia becada en París, donde se especializó en puericultura, el cuidado de los lactantes y la infancia. De regreso a Granada en 1922, se incorporó a la Junta Provincial de Protección de la Infancia y asumió la dirección del Consultorio de Lactantes y Gota de Leche de la ciudad. Su pasión por la pediatría lo llevó a obtener en 1925 la cátedra de la especialidad en la Facultad de Medicina de Granada, desempeñando posteriormente cargos como Inspector municipal de sanidad y jefe provincial del Servicio de Higiene Infantil. Durante estos años, García-Duarte también se vinculó a la masonería, formando parte de la logia «Alhambra».
Su vocación política se intensificó en 1930, cuando ingresó en la Agrupación Socialista de Granada y en la UGT. Un año después fue elegido concejal del Ayuntamiento de Granada, asumiendo responsabilidades en sanidad y beneficencia. En las elecciones generales de 1931, fue elegido diputado por el distrito de Granada-provincia, aunque, debido a diferencias internas, se desvinculó del PSOE en 1934.
La llegada del Golpe de Estado de julio de 1936, que desencadenó la Guerra Civil Española, marcó un trágico final para Rafael García-Duarte. El 10 de septiembre fue detenido en su domicilio y, pocas horas después, fusilado en las tapias del Cementerio de Granada, junto a otros detenidos. Un acto de humanidad y reconocimiento personal se produjo después: uno de los sepultureros, cuyo hijo había sido salvado por García-Duarte años atrás, lo separó de la fosa común, le entregó los objetos personales a la familia y les indicó el lugar exacto donde descansaba.
