Pedro Leiva Pino nació en 1897 en Almogía, un pequeño pueblo al norte de Málaga. Como tantos hombres de su generación, su vida quedó marcada por uno de los periodos más convulsos de la historia de España y de Europa. Militante socialista, líder sindical y concejal comprometido con la defensa de los derechos de los trabajadores, Leiva Pino encarnó los valores de la Segunda República española. Sin embargo, la derrota republicana en la Guerra Civil truncó de manera brutal su trayectoria personal y política.

En febrero de 1939, ante el avance de las tropas franquistas, se vio obligado a abandonar su hogar y dejar atrás a su familia para cruzar la frontera francesa. Comenzó entonces un largo y doloroso periplo por distintos campos de internamiento en Francia, donde miles de exiliados españoles sobrevivían en condiciones extremas. El 20 de junio de 1940 fue capturado por las fuerzas nazis, y su destino quedó sellado cuando la dictadura franquista se desentendió de los prisioneros españoles fieles a la República, facilitando su deportación a los campos de concentración del Tercer Reich.

Desde la localidad alemana de Luckenwalde, Pedro Leiva Pino escribió su última carta a su esposa, un testimonio silencioso del drama humano que vivieron miles de familias. Tras pasar por el campo de Mauthausen, fue trasladado a Gusen, en Austria, uno de los lugares más brutales del sistema concentracionario nazi. Allí fue asesinado el 17 de octubre de 1941, a más de 2.500 kilómetros de su pueblo natal.

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