
Miguel Guerrero Sepúlveda fue una de las muchas figuras anónimas que encarnaron la resistencia antifranquista en el sur de España durante y después de la Guerra Civil. Nacido el 14 de marzo de 1911 en Alozaina, un pequeño pueblo campesino de la provincia de Málaga, creció en el seno de una familia humilde formada por Antonio y Ana Guerrero. Desde muy joven mostró una profunda sensibilidad social y una temprana afinidad con las ideas libertarias, que marcarían de manera decisiva el rumbo de su vida.
Con apenas veinte años, en noviembre de 1931, participó activamente en la creación del Sindicato de Oficios Varios de la CNT en su localidad natal. Su compromiso y capacidad organizativa le llevaron a formar parte de la junta directiva como vocal y miembro de la Comisión de Cultura y Propaganda. Esta labor lo convirtió en un activo propagandista del anarcosindicalismo en los pueblos cercanos, una actividad que pronto despertó la atención de las autoridades. A finales de ese mismo año fue detenido y pasó varios meses encarcelado en la prisión de Málaga, una experiencia que reforzó aún más su compromiso político.
Cuando el golpe militar del 18 de julio de 1936 desencadenó la Guerra Civil, Miguel Guerrero se encontraba en Antequera. Tras participar en la resistencia inicial frente a los sublevados, regresó a Alozaina, donde tomó parte en el proceso de colectivizaciones impulsado por las organizaciones obreras. Poco después marchó al frente de Granada como responsable de una centuria del Batallón «Néstor Makhno», una unidad de inspiración libertaria. Su actuación en combate le valió el ascenso a capitán por méritos de guerra. Tras la caída de Málaga, continuó la lucha en Almería y posteriormente en los frentes de Córdoba y Madrid. Con la militarización del Ejército Popular en 1937, asumió el mando del 590.º Batallón de la 148.ª Brigada Mixta, manteniendo el grado de capitán.
La derrota republicana en 1939 supuso para él el inicio de una dura etapa de represión. Fue capturado en Valencia y trasladado a un campo de concentración en Alicante, del que logró huir. Sin embargo, meses más tarde, ya en Málaga y oculto bajo una identidad falsa, fue reconocido y delatado por un vecino afín al régimen franquista. Juzgado en consejo de guerra, fue condenado a muerte, pena que posteriormente le fue conmutada por treinta años de prisión. Tras varios indultos parciales, obtuvo la libertad condicional a finales del verano de 1946.
Lejos de reintegrarse a una vida civil normalizada, Miguel Guerrero optó por retomar la lucha, incorporándose a la Agrupación de Guerrilleros del Campo de Gibraltar, una de las organizaciones armadas que intentaron mantener viva la resistencia antifranquista en los años de la posguerra. Conocido en la sierra por los alias de Conejo Alozaina y Pecas, participó en diversas acciones guerrilleras, entre ellas intentos de secuestro y secuestros consumados con fines económicos, destinados a la supervivencia del grupo y a la financiación de la lucha. Estas actividades, desarrolladas principalmente en la sierra gaditana entre finales de 1946 y la primavera de 1947, marcaron el último periodo de su militancia armada.
Hacia finales del otoño de 1947 abandonó definitivamente la guerrilla. Como otros compañeros, emprendió el camino del exilio, logrando salir de España rumbo a Marruecos. Tras pasar por Tánger, se estableció en Casablanca. A finales de los años cincuenta se trasladó a Francia, donde fijó su residencia en Jonage, cerca de Lyon. Allí trabajó como albañil y retomó su militancia en la CNT, participando en la Federación Local de Lyon y colaborando en el Boletín Ródano Alpes bajo la firma de M. Sepúlveda.
En el exilio formó una familia junto a su compañera, Josefa Bernal, con quien tuvo dos hijas. Miguel Guerrero Sepúlveda falleció el 4 de agosto de 1965 en el Hospital de la Antiquaille de Lyon, a consecuencia de una enfermedad cardíaca.
