
Manuel Martín Rico fue una de las figuras más representativas de la Nerja republicana y de la profunda transformación política y social que vivió España en los años treinta del siglo XX. Su nombre está ligado de manera inseparable al final de la Segunda República en el municipio y al inicio de una etapa marcada por la guerra, la represión y el silencio.
Nacido en 1907 en Jayena (Granada), se trasladó siendo joven a Nerja, donde se integró en la vida laboral y social del pueblo. Como muchos hombres de su generación, vivió de primera mano las duras condiciones económicas de la España rural y encontró en las ideas republicanas y obreras una esperanza de cambio. Militó en el Partido Comunista de España (PCE), una opción política minoritaria en número, pero muy activa durante los años del Frente Popular.
El 4 de junio de 1936, en un clima político tenso y polarizado, Manuel Martín Rico fue nombrado alcalde de Nerja, tras la suspensión del anterior regidor por decisión del gobernador civil de Málaga. Su nombramiento fue ratificado al día siguiente por la corporación municipal, integrada por fuerzas del Frente Popular, la coalición de izquierdas que había vencido en las elecciones de febrero de ese mismo año.
Su mandato fue breve, pero se desarrolló en uno de los momentos más dramáticos de la historia de España. Apenas un mes después de asumir el cargo, el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 dio inicio a la Guerra Civil. Nerja permaneció en zona republicana durante los primeros meses del conflicto, y el ayuntamiento presidido por Martín Rico tuvo que hacer frente a una situación extrema: escasez de alimentos, organización de la defensa, mantenimiento del orden público y apoyo a la población civil en un contexto de guerra total.
El 9 de febrero de 1937, las tropas sublevadas, apoyadas por fuerzas italianas, ocuparon Nerja tras la caída de Málaga. Con la entrada del ejército franquista se puso fin a la experiencia republicana en el municipio. El ayuntamiento fue disuelto y sustituido por una comisión gestora designada por las nuevas autoridades. Manuel Martín Rico se convirtió así en el último alcalde republicano de Nerja.
Tras la derrota, como muchos otros responsables políticos y militantes de izquierda, no aceptó pasivamente el nuevo régimen. Se incorporó a la resistencia antifranquista, participando en actividades guerrilleras en el entorno de Málaga y Granada, en un intento —finalmente frustrado— de mantener viva la oposición al franquismo en los años posteriores a la guerra.
Detenido más adelante por su militancia política, fue sometido a consejo de guerra y condenado a una larga pena de prisión. Su vida, como la de tantos vencidos, quedó marcada por la cárcel, la clandestinidad y el castigo impuesto por la dictadura a quienes habían defendido la legalidad republicana.
