José Pérez Martínez nació el 1 de julio de 1895 en Pamplona, en la provincia de Navarra, en el seno de una España marcada todavía por la crisis del final del siglo XIX y los conflictos coloniales. Optó desde joven por la carrera militar, formándose en la Academia de Infantería y desarrollando una trayectoria profesional que, como la de tantos oficiales de su generación, estuvo profundamente condicionada por la Guerra Civil y sus consecuencias.

Durante casi una década estuvo destinado en Marruecos, uno de los escenarios clave para la formación de los mandos militares del primer tercio del siglo XX. Allí adquirió experiencia en combate y sufrió también las durezas de la guerra colonial. El 29 de junio de 1918 resultó herido, circunstancia por la que se le concedió la Medalla de Sufrimientos por la Patria, una distinción que reconocía las penalidades físicas padecidas en servicio.

Su carrera avanzó con normalidad dentro del Ejército y el 19 de febrero de 1935 alcanzó el empleo de comandante. Dos años antes, el 1 de agosto de 1933, había dado un giro significativo a su trayectoria profesional al incorporarse al Cuerpo de Seguridad y Asalto, a invitación del entonces teniente coronel Juan Yagüe Muñoz Grandes. En este nuevo destino, Pérez Martínez se convirtió en uno de sus colaboradores más cercanos, encargándose de organizar los servicios del cuerpo en Madrid, una labor de gran responsabilidad en un periodo de fuerte conflictividad social y política.

Tras el triunfo electoral del Frente Popular en febrero de 1936, se produjeron importantes cambios en los mandos de los cuerpos de seguridad. En ese contexto, José Pérez Martínez pasó el 30 de mayo de 1936 a la situación de disponible forzoso, por incompatibilidad con la nueva dirección del cuerpo. Cuando estalló el golpe militar el 18 de julio de 1936, se encontraba todavía en esa situación administrativa. Aunque no existen pruebas de que participara en actividades conspirativas, su anterior vinculación con Muñoz Grandes generó desconfianza entre algunos sectores republicanos.

Fue entonces cuando intervino el hijo del general José Miaja, también oficial del Cuerpo de Asalto, quien lo presentó a su padre. A partir de ese momento, Pérez Martínez pasó a desempeñar un papel clave como secretario personal del general Miaja, una de las figuras centrales de la defensa de Madrid durante la Guerra Civil. Ejerció esta función durante prácticamente todo el conflicto, salvo unas semanas de septiembre y octubre de 1936, en las que fue destinado al sector de Puebla de Valverde, en el frente de Teruel.

En reconocimiento a sus servicios, ascendió al grado de teniente coronel el 2 de febrero de 1937, con antigüedad retroactiva al 19 de julio de 1936. Sin embargo, el final de la guerra supuso, como para tantos militares vinculados al bando republicano, el inicio del exilio. El 29 de marzo de 1939 abandonó España con destino a Orán, donde permaneció hasta el 31 de octubre de 1942.

Ese año regresó a España tras obtener autorización de las autoridades franquistas, avalado por el general Muñoz Grandes, a quien había protegido durante las primeras semanas de la guerra. A este aval se sumaron los de otros militares franquistas de alta graduación que testificaron a su favor, señalando que también habían recibido su ayuda y protección durante el conflicto.

Pese a ello, fue sometido a consejo de guerra y condenado a doce años y un día de prisión, con la accesoria de pérdida de empleo, quedando posteriormente en libertad vigilada. El 7 de febrero de 1948, el Servicio Central de Examen de Penas conmutó la accesoria de pérdida de empleo por la de separación del servicio. Aunque esta decisión supuso el fin definitivo de su carrera militar, le permitió acceder a haberes pasivos y asegurar una cierta estabilidad económica.

A lo largo de los años siguientes recibió nuevos avales de personalidades militares del régimen. Finalmente, un coronel auditor redefinió oficialmente su posición ideológica en relación con el 18 de julio de 1936, calificándola como “sana” y “afín en todo a los principios de la Causa Nacional”, una reinterpretación que refleja bien las complejas trayectorias personales y las adaptaciones forzadas en la España de la posguerra.

José Pérez Martínez falleció en Madrid en 1960. Su vida ejemplifica el destino de muchos militares profesionales atrapados entre lealtades, circunstancias cambiantes y un conflicto que fracturó definitivamente al país. Más allá de etiquetas simples, su biografía muestra la complejidad humana y política de una generación marcada por la guerra, el exilio y la necesidad de sobrevivir en una dictadura vencedora.

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