Ignacio Alonso Alonso nació en el pequeño municipio burgalés de Huérmeces en el seno de una familia campesina el 30 de julio de 1891. Sus padres, Guillermo Alonso y Agustina Alonso, eran labradores asentados en la localidad.

Con apenas veinte años decidió iniciar la carrera militar. En noviembre de 1911 se alistó voluntariamente en el Regimiento de Cazadores de Caballería nº 8, entonces con guarnición en Madrid. Su progreso fue rápido: en mayo de 1913 fue ascendido a sargento. Durante esos primeros años aparecen varias menciones a su participación en concursos hípicos militares publicados en el Diario de Burgos entre 1916 y 1918, lo que indica que probablemente estaba destinado en la capital burgalesa dentro de su regimiento.

Como ocurría con muchos militares profesionales de la época, su carrera estuvo marcada por continuos cambios de destino. Sirvió en plazas militares de gran importancia estratégica como Ceuta, Tetuán y Melilla, en el norte de África, así como en ciudades españolas como Barcelona, Córdoba o Marquina (Vizcaya). Con el paso del tiempo fue ascendiendo dentro de la Caballería hasta alcanzar la categoría de suboficial y, finalmente, ser destinado a Sevilla, ciudad que acabaría teniendo un papel decisivo en su vida.

En el plano personal, Ignacio había contraído matrimonio en Burgos en 1918 con Francisca Herrera Simón. Su trayectoria militar también estuvo vinculada a las campañas coloniales españolas en el norte de África. En 1920 fue condecorado con la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo por acciones de guerra en Ceuta, reconocimiento reservado a actos de valor en combate. En aquellos años pudo coincidir con jóvenes oficiales que estaban forjando su carrera en África, entre ellos el futuro jefe del Estado español Francisco Franco, prácticamente de su misma generación.

La proclamación de la Segunda República Española en 1931 introdujo cambios importantes en las fuerzas de seguridad. En febrero de 1933 Ignacio prestó promesa de fidelidad a la nueva bandera republicana. Tres años más tarde, en febrero de 1936, se incorporó voluntariamente al Cuerpo de Seguridad y Asalto, conocido popularmente como Guardia de Asalto, una fuerza policial creada por la República para el mantenimiento del orden público en las ciudades. Aunque dependía del gobierno civil, su estructura y disciplina eran de carácter militar. Ignacio ingresó con el grado de teniente, obtenido en julio de 1935 mientras aún desarrollaba su carrera en la Caballería.

Su destino final sería Sevilla, donde se encontraba cuando estalló el golpe militar del 18 de julio de 1936 contra el gobierno republicano. Aquella tarde, tras conocerse la sublevación, varios grupos de guardias de asalto salieron del cuartel de la Alameda para proteger edificios clave de la ciudad: el Gobierno Civil, el Ayuntamiento, la Plaza Nueva y la sede de la Telefónica. Uno de esos destacamentos estaba al mando del teniente Ignacio Alonso, encargado de defender el edificio de Telefónica.

Ese mismo día llegó a Sevilla el general Gonzalo Queipo de Llano, quien logró tomar el control de la situación militar en la ciudad y puso en marcha la insurrección. A media tarde ordenó ocupar los edificios donde resistían las fuerzas fieles al gobierno republicano. Las tropas sublevadas rodearon la Telefónica con soldados y artillería ligera, produciéndose un intenso intercambio de disparos. Hacia las seis de la tarde llegó un cañón de acompañamiento procedente del regimiento de Granada, lo que inclinó definitivamente la balanza a favor de los sublevados.

Todo indica que falleció el 18 de julio de 1936 durante los primeros intercambios de disparos mientras defendía la Telefónica, lo que lo convierte probablemente en uno de los primeros oficiales muertos en los enfrentamientos iniciales de la Guerra Civil en la península.

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