
Diego Pérez Alcalá fue un agricultor y dirigente local comprometido con el movimiento obrero y el socialismo en la provincia de Jaén. Su vida refleja las dificultades y la represión que sufrieron muchos alcaldes y activistas políticos tras la Guerra Civil española.
Nacido el 6 de mayo de 1887 en Lopera, antes de 1936, Pérez Alcalá se afilió al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y formó parte de la Sociedad Obrera de Trabajadores de la Tierra “La Espiga”, vinculada a la UGT, lo que evidencia su compromiso con los derechos de los campesinos y trabajadores rurales. El 21 de mayo de 1936 fue nombrado alcalde de Lopera, cargo que desempeñó hasta la presión del conflicto bélico y la ocupación franquista. Tras el levantamiento militar del 18 de julio de 1936, presentó su dimisión el 15 de agosto, y en diciembre de ese año se refugió en Jaén cuando Lopera fue asediada por el Ejército franquista.
Al finalizar la guerra regresó a Lopera, pero fue detenido. El 27 de noviembre de 1939 fue trasladado a la cárcel de Andújar, donde se le instruyó un procedimiento sumarísimo por «adhesión a la rebelión». En agosto de 1941 fue llevado a la Prisión de Jaén, y en septiembre de 1943 un consejo de guerra lo condenó a 30 años, pena que se reduciría más tarde a 20. En diciembre fue trasladado a la Prisión Provincial de Sevilla, donde las duras condiciones carcelarias agravaron su tuberculosis.
Al finalizar la Guerra Civil, Pérez Alcalá regresó a Lopera, pero fue detenido. El 27 de noviembre de 1939 fue trasladado a la Prisión del Partido Judicial de Andújar, donde se le instruyó un procedimiento sumarísimo por «adhesión a la rebelión». En agosto de 1941 fue llevado a la Prisión Provincial de Jaén, y en septiembre de 1943 un consejo de guerra lo condenó inicialmente a 30 años de prisión, pena que se redujo a 20 años. En diciembre de 1943 fue trasladado a la Prisión Provincial de Sevilla, donde las duras condiciones carcelarias agravaron su tuberculosis.
Finalmente, debido a su estado de salud, Pérez Alcalá fue excarcelado el 7 de enero de 1946, pero falleció meses después, el 14 de octubre de 1946, en el Hospital de Jaén. Sus restos fueron enterrados en la fosa 372 del antiguo cementerio de San Eufrasio de Jaén.
La vida de Diego Pérez Alcalá ejemplifica la trayectoria de muchos alcaldes republicanos y trabajadores rurales que, comprometidos con la justicia social, sufrieron persecución y represión durante el franquismo. Su memoria forma parte del recuerdo histórico de los defensores de la democracia y los derechos de los trabajadores en España.
