Diego Naranjo González nació el 22 de mayo de 1894 en Alhaurín el Grande, en la provincia de Málaga, en el seno de una sociedad rural marcada por profundas desigualdades sociales y por el creciente protagonismo del movimiento obrero a comienzos del siglo XX.

Comprometido con las ideas de justicia social y progreso, Naranjo González fue miembro de la Unión General de Trabajadores (UGT) y estuvo afiliado a la Agrupación Socialista de Alhaurín el Grande, participando activamente en la vida política y sindical de su localidad. Su implicación y reconocimiento entre sus vecinos le llevaron a ocupar el cargo de alcalde de Alhaurín el Grande durante la Segunda República, un periodo de intensos cambios políticos, sociales y culturales en la historia de España.

Como alcalde republicano, ejerció su responsabilidad en un contexto de fuerte polarización y creciente conflictividad, que desembocaría en la Guerra Civil española (1936-1939). Tras la caída de Málaga en febrero de 1937, uno de los episodios más traumáticos del conflicto en Andalucía, Diego Naranjo González se vio obligado a abandonar su tierra. Inició entonces un exilio forzado, primero hacia Cataluña y, al finalizar la guerra en 1939, cruzó la frontera hacia Francia, como tantos otros republicanos derrotados.

En el exilio se estableció en la localidad de Sainte-Bazeille, en el departamento francés de Lot y Garona. Desde allí mantuvo contacto con su familia hasta julio de 1941, fecha en la que se tiene constancia de su última comunicación. A partir de ese momento, su rastro se pierde y se desconoce tanto la fecha como el lugar de su fallecimiento, lo que sitúa su destino final entre los numerosos casos de desaparición ligados al exilio republicano y a las duras condiciones de la Europa ocupada durante la Segunda Guerra Mundial.

La figura de Diego Naranjo González representa la de tantos cargos municipales republicanos que, tras servir a sus comunidades en tiempos de esperanza y reforma, fueron empujados al exilio y al silencio. Su historia forma parte de la memoria democrática local y nacional, recordando el impacto humano de la guerra y la represión posterior.

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