Cesáreo Romero Romero fue una figura destacada de la vida política y social de Torrecampo, un pequeño municipio del Valle de los Pedroches, al norte de la provincia de Córdoba, durante los convulsos años de la Segunda República y la Guerra Civil. 

Su trayectoria representa la de muchos dirigentes locales comprometidos con el movimiento obrero y con la política republicana, cuyo destino quedó marcado por la represión tras la victoria franquista.

Desde joven estuvo vinculado al movimiento sindical. Fue miembro de la Unión General de Trabajadores (UGT) y estuvo afiliado a la Agrupación Socialista de Torrecampo, organización en la que alcanzó un papel relevante, llegando a ser su presidente en mayo de 1936. 

El compromiso político y social que siempre demostró le llevaría a ocupar responsabilidades municipales, siendo alcalde de Torrecampo durante la Segunda República. En aquellos años, como en muchos pueblos de España, la política local estaba profundamente polarizada, pero su labor se desarrolló dentro de las instituciones republicanas legalmente constituidas.

Cuando se produjo la sublevación militar del 18 de julio de 1936, que dio inicio a la Guerra Civil, Cesáreo Romero se encontraba desde hacía varios meses en Espiel. Esta circunstancia fue determinante en su posterior destino ya que no regresó a Torrecampo hasta octubre de 1936, por que participase en los episodios de represión contra personas de derechas que tuvieron lugar en los primeros días del conflicto. Sin embargo, estos hechos serían utilizados más tarde en su contra.

A pesar de las dificultades propias de la guerra, volvió a ejercer como alcalde desde febrero de 1938, en un momento en que la República se encontraba ya en clara desventaja militar. Tras el final de la contienda y la victoria del bando franquista, se desencadenó una dura represión contra quienes habían ocupado cargos públicos republicanos o habían estado vinculados a organizaciones obreras.

Cesáreo Romero fue sometido a Consejo de Guerra en Pozoblanco el 15 de junio de 1939. En ese juicio militar sumarísimo fue condenado a muerte, en un proceso en el que pesaron más las acusaciones políticas que pruebas concretas de delitos personales. Finalmente, fue fusilado en Pozoblanco el 3 de noviembre de 1939.

Su historia es la de un alcalde republicano de ámbito rural, comprometido con su comunidad y con las ideas socialistas, que acabó siendo víctima de la represión de posguerra. Hoy, Cesáreo Romero Romero forma parte de la memoria histórica de Torrecampo y de Córdoba, símbolo de una generación que vivió con esperanza la República y sufrió las consecuencias de la derrota.

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