
José Rodríguez de Cueto Madrid, fue un militar español, empresario agroganadero y escritor, cuya vida recorrió algunos de los principales escenarios políticos, militares y sociales de la España del siglo XX. Su trayectoria combina la carrera castrense, el compromiso ideológico, la gestión agrícola y una intensa actividad intelectual y periodística.
Nacido en Málaga el 31 de marzo de 1896, fue hijo de Enrique Rodríguez Rubio, coronel de la Guardia Civil natural de Balaguer (Lérida), y de Josefa de Cueto Ávila, originaria de Marbella. Pasó su infancia en Andalucía hasta los ocho años, edad a la que se trasladó primero a Madrid y después al colegio de agustinos de Uclés (Cuenca), donde cursó los primeros estudios.
Más adelante se trasladó a Zaragoza, ciudad en la que su padre venía ejerciendo como coronel jefe del Tercio de la Guardia Civil de Aragón. Allí inició muy pronto su vocación militar ingresando en la Academia de Infantería, de la que salió en el año 1915 destinado al Regimiento Galicia nº 19. Durante esta etapa comenzó a colaborar en la prensa local, y más concretamente en el Diario de Avisos de Zaragoza, dando muestras tempranas de su inclinación por la escritura.
Posteriormente fue trasladado al Regimiento de Córdoba, con guarnición en Granada. Allí completó el bachillerato e inició estudios de Derecho, al tiempo que desarrollaba una intensa labor periodística. Fue redactor militar de El Defensor de Granada bajo el seudónimo R. de Oteuc, y más tarde colaboró en La Gaceta del Sur firmando como Kleiber, nombre con el que participó en debates técnicos y doctrinales sobre cuestiones militares.
Rodríguez de Cueto sirvió en el norte de África en el Regimiento del Serrallo hasta 1922, año en que pasó a la Guardia Civil con destino en Jaén. Durante esta etapa amplió su formación técnica, obteniendo el título de perito aparejador, con la intención de ingresar en la Escuela de Ingenieros Industriales. Más tarde fue destinado a Madrid como profesor de Física y Química en el Colegio Infanta María Teresa. En 1928 pasó a la situación de supernumerario y se dedicó de lleno a sus intereses particulares, especialmente a la agricultura, ámbito en el que desarrollaría una intensa actividad en los años siguientes.
En febrero de 1931 regresó a la escala activa, aunque sin abandonar su dedicación al mundo agrario. Llegó a presidir una Sociedad de Labradores, que posteriormente se transformó en Federación, y fundó el diario La Mañana, en el que escribió con frecuencia, muchas veces sin firma o bajo distintos seudónimos.
Especial notoriedad alcanzaron sus artículos firmados como Juanico el Labrador, en los que abordaba los conflictos del campo español y criticaba lo que consideraba desórdenes en el mundo rural. Estas crónicas serían recopiladas más tarde en el libro Una campaña contra la anarquía agraria, reflejo de su pensamiento político y social.
El 19 de julio de 1936, encontrándose en Jaén y sancionado por sus actividades políticas de derechas, se sumó al Alzamiento Nacional junto a los capitanes Santiago Cortés y Reparaz. Con grandes dificultades, lograron organizar el traslado al Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza de las fuerzas de la Guardia Civil sublevadas en la provincia. La defensa del Santuario se convirtió en uno de los episodios más emblemáticos y propagandísticos del bando nacional. Rodríguez de Cueto fue designado, junto al capitán Reparaz, para atravesar líneas enemigas y alcanzar la zona sublevada con el fin de informar de la situación, misión que logró cumplir con éxito.
Esta experiencia, junto con la vivida por su familia —que permaneció refugiada en el Santuario— y la figura del capitán Cortés, fue relatada en su obra Epopeya del santuario de la Virgen de la Cabeza (editada en 1940), uno de los testimonios más conocidos sobre aquel episodio.
Nada más llegar a Córdoba, el 24 de agosto de 1936, se alistó para combatir en el frente, integrándose en el Requeté y encargándose de organizar el Tercio de Requetés de Granada, con el que participó en diversas acciones militares en Andalucía oriental. En octubre de 1936 pasó a la Aviación, colaborando en el suministro aéreo al Santuario y participando en arriesgadas misiones como observador y bombardero. A lo largo de la guerra desempeñó distintos mandos y responsabilidades, hasta que en noviembre de 1938 fue nombrado delegado de Orden Público de León.
Tras el conflicto, ocupó cargos relevantes en la administración franquista: mayor agregado de la provincia de Jaén, inspector de la frontera sur de España y, en 1941, jefe superior de Policía de Barcelona. Entre 1945 y 1949 fue jefe de la Secretaría del Protectorado en la Alta Comisaría de España en Marruecos, donde mantuvo una estrecha relación con el jalifa Muley Hassan y con el sultán Mohamed V y su hijo, el futuro rey Hasán II.
Paralelamente a su carrera pública, Rodríguez de Cueto fue propietario y gestor de la Hacienda Santa Cristina de Otíñar, en la provincia de Jaén. Tras la Guerra Civil, impulsó una profunda modernización de la finca: mejora de infraestructuras, mecanización agrícola, modernización ganadera con razas frisonas y ordeño mecánico, y expansión de la industria aceitera familiar, reconocida oficialmente por el Ministerio de Agricultura.
No obstante, a partir de la década de 1950 la finca comenzó a experimentar dificultades: riadas, crisis del modelo agrícola tradicional, restricciones de riego, la construcción del embalse del Quiebrajano y la segregación progresiva de partes de la propiedad. Todo ello marcó el inicio de la decadencia de una explotación que había sido durante décadas un referente de prosperidad.
Falleció en Madrid el 31 de agosto de 1986 y fue enterrado en el cementerio particular de la Hacienda Santa Cristina de Otíñar, lugar estrechamente vinculado a su vida personal y profesional.
