Nacido en Badajoz el 8 de marzo de 1894, Manuel Hernández González comenzó su carrera en el Ejército como voluntario a los 16 años, permaneciendo hasta los 24 en que pasó a la Guardia Civil. En 1918 aparece su primer destino en tierras cordobesas, concretamente el cuartel de Puente Genil donde permanecería 5 años. Lucena y Montilla serán otros dos municipios de la provincia donde prestará sus servicios entre 1923 y 1930, siendo trasladado posteriormente a Cazalla de la Sierra (Sevilla), localidad en la que se encontraba cuando en enero de 1935 se le destina a Albendín.

En esta pedanía baenense, Manuel Hernández ejercerá como cabo (había ascendido por oposición en 1928) y comandante de puesto hasta su detención apenas un mes después del alzamiento militar.

Entre los días 18 y 19 de julio de 1936 se produjo la cadena de órdenes y proclamaciones del “bando de guerra” en muchos municipios de Córdoba. Formalmente Hernández se sumó a la declaración (como hicieron muchos mandos locales), pero según las investigaciones posteriores su conducta práctica en Albendín fue distinta, facilitando la huida de personas vinculadas al movimiento obrero y realizando maniobras para evitar la represión masiva en la localidad.

Los guardias de Albendín se concentraron en Baena y el cabo Hernández mantuvo disciplinadamente uno de los puestos defensivos constituidos en la localidad entre los días 20 y 28 de julio. Sus acciones merecieron elogio y el reconocimiento que se le hizo al efecto. Sin embargo, a pesar de ello, el 23 de agosto fue detenido sorpresivamente por orden del teniente Pascual Sánchez y sometido a consejo de guerra el 10 de mayo de 1937, acusado de conexiones políticas de izquierdas y conductas consideradas contrarias a los mandos sublevados. Se le condenaría por “adhesión a la rebelión” a cadena perpetua (lo que implicaba también su expulsión de la Guardia Civil).

Tras la condena estuvo en diversas prisiones de Córdoba, El Puerto de Santa María, El Dueso (Santoña) y Toledo, escribiendo durante este periodo unas notas personales que él denominó Páginas Confidenciales, en las que mezclaba recuerdos y reflexiones que han servido a historiadores locales para reconstruir cómo sucedieron los hechos y el contexto de Albendín en 1936.

Una revisión de su condena le permitió salir en libertad condicional el 30 de mayo de 1942, tras casi seis años de cárcel, pero su vida había quedado rota. La conducta que mantuvo en aquellas primeras semanas de la guerra como la de un salvador que, con prudencia y riesgo personal, evitó una matanza en Albendín, pero para quienes le acusaron fue la de un traidor o sospechoso. Así lo manifestó en sus reflexiones y así aparece en el trabajo de historiadores locales que han recuperado esa memoria, situando su figura como ejemplo de actuaciones complejas en tiempos de conflicto.

Manuel Hernández falleció en 1969 en Almodóvar del Río, siendo enterrado en el cementerio de esta localidad cordobesa. Su memoria, sin embargo, ha trascendido en el tiempo y aquellas Páginas Confidenciales se han mostrado públicamente como dramático ejemplo de aquella tragedia, la misma que en 2023 fue llevada al cine por la comunidad educativa de Albendín con la película titulada Manuel, una cinta que ha servido para revitalizar el interés por su figura y por la memoria histórica del pueblo que le rinde homenaje.

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