
Bernabé López Calle, conocido en la clandestinidad como Comandante Abril o Fernando Abril, fue una de las figuras más destacadas de la resistencia armada antifranquista en el sur de España. Militar de formación, guardia civil de profesión y guerrillero por convicción, su vida resume el recorrido de muchos españoles que, tras la Guerra Civil, continuaron luchando contra la dictadura desde la sierra, en condiciones extremas y con escasas esperanzas de victoria.
Nació el 30 de mayo de 1899 en Montejaque, un pequeño pueblo de la Serranía de Ronda donde transcurrió su infancia y juventud. En 1921 fue llamado a filas y enviado a la guerra de Marruecos; allí adquirió experiencia castrense poco antes del Desastre de Annual, destacando por su capacidad y disciplina, lo que le valió ascensos y condecoraciones. Al licenciarse en 1924 regresó a su pueblo, se casó y formó una familia con tres hijos, ingresando posteriormente en la Guardia Civil y sirviendo en destinos como Barcelona, Sevilla y Antequera. Fue en esta última ciudad dondee le sorprendió el estallido de la Guerra Civil, manteniéndose al que su unidad, fiel al Gobierno de la República. Nombrado enlace entre las autoridades civiles y militares, se afilió a la CNT, influido, sin duda, por el compromiso político de su hermano Pedro, alcalde de Montejaque.
Tras la caída de Málaga en 1937, Bernabé se integró plenamente en el Ejército republicano, marchando al frente junto a su familia, que se refugió en Honrubia (Cuenca). Su capacidad de mando le llevó a dirigir varias unidades, entre ellas la 61.ª Brigada Mixta y, más tarde, el 17.º Batallón de Ametralladoras en el frente de Madrid, dentro de la división del anarquista Cipriano Mera. Durante la guerra alcanzó el grado de comandante.
En los últimos meses del conflicto apoyó el golpe de Casado, que pretendía poner fin a la guerra evitando un mayor derramamiento de sangre. Sin embargo, la rendición no trajo la paz prometida. Tras la derrota republicana, Bernabé no se exilió. Se presentó ante las nuevas autoridades, fue encarcelado, juzgado y expulsado de la Guardia Civil. Aunque recuperó la libertad, la persecución no cesó. Una denuncia provocó una nueva orden de detención y, ante la certeza de una condena injusta, decidió huir y echarse al monte.
A comienzos de los años cuarenta se incorporó a las partidas guerrilleras de la Serranía de Ronda, convirtiéndose pronto en su principal dirigente. Desde las sierras de Ronda y Grazalema hasta el Campo de Gibraltar, organizó la guerrilla del sur de Andalucía, basada en sabotajes, secuestros de terratenientes para financiarse y una intensa labor de propaganda entre el campesinado. Convencido de que la caída del franquismo llegaría tras la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, impulsó en 1946 la Alianza de Fuerzas Democráticas, un intento de unir a combatientes de distintas ideologías bajo un mismo mando. Fue entonces cuando pasó a ser conocido como Comandante Abril.
Las tensiones políticas internas y la dura represión franquista debilitaron progresivamente la guerrilla. El Decreto-Ley de 1947 contra el bandidaje y el terrorismo dio carta blanca a la Guardia Civil para aplicar la llamada “ley de fugas” y crear contrapartidas infiltradas. Aun así, en 1949 se constituyó la Agrupación Guerrillera Fermín Galán, con Bernabé como jefe. La traición de uno de sus hombres, que delató el campamento a cambio de un supuesto indulto, selló su destino.
El 30 de diciembre de 1949, el campamento guerrillero de Medina Sidonia fue rodeado al amanecer. En el ataque murió uno de sus compañeros y Bernabé, gravemente herido, cubrió la retirada de los supervivientes, entre ellos su propio hijo. Resistió hasta el final. Su cuerpo apareció con veintitrés impactos de bala. Los cadáveres fueron exhibidos públicamente como escarmiento y enterrados sin dignidad en el cementerio del pueblo.
La figura de Bernabé López Calle simboliza la resistencia olvidada de quienes, tras la Guerra Civil, siguieron luchando contra la dictadura en nombre de la libertad. Su historia es la de una derrota militar, pero también la de una firme coherencia vital y de un compromiso que se mantuvo, hasta la muerte, frente a la represión y el silencio.
