Nacido el 14 de febrero de 1899 como hijo de padres aragoneses venidos a Córdoba para el laboreo del campo, Bautista Garcés vivió desde muy joven las dificultades del trabajo y las injusticias sociales que sufrían muchas familias. Esto lo llevó a comprometerse con los movimientos sindicales y políticos que buscaban mejorar la vida de los trabajadores y luchar por sus derechos, convirtiéndose en sindicalista del sector metalúrgico y miembro del PCE, llegando a ser diputado en el Congreso dentro de la candidatura frente populista en las elecciones de 1936.

El 18 de julio de 1936, Garcés se encontraba en Córdoba recién llegado de Madrid, cuando tuvo noticias de la sublevación del Ejército de África y, aunque en un principio se pensó que se trataba de algo llamado a fracasar, se dirigió desde su domicilio en la barriada de Los Olivos Borrachos, hacia el Gobierno Civil para conocer la postura de la primera autoridad provincial ante los acontecimientos que estaban sucediendo.

Quisieron las circunstancias que en el trayecto, a la altura del Viaducto (hoy glorieta del Pretorio) se sumase a la comitiva fúnebre de una mujer conocida y al pasar junto al cuartel de la guardia civil fue reconocido por un oficial, deteniéndolo en ese instante.

Tras varios días en el calabozo del cuartel de Artillería junto a los diputados socialistas de Málaga, Luis Dorado Luque y Antonio Acuña Carballar, y el ex diputado Joaquín García Hidalgo, fue fusilado el 28 de julio de 1936 en el cementerio de San Rafael, junto con otras personas que compartían sus ideales políticos. Al día siguiente su familia trasladó el cadáver al cementerio de la Salud donde fue sepultado pero transcurridos los años de rigor y no poder hacerse cargo económicamente de la renovación de los derechos sobre el nicho, sus restos fueron exhumados y trasladados a un osario general.

Los comunistas de Villanueva de Córdoba, al tener noticia del fusilamiento decidieron, a mediados de agosto de 1936, honrar al diputado asesinado poniendo el nombre de “Bautista Garcés” a sus recién creadas “Milicias Villanueva”, en los días finales de julio. El célebre “Batallón Bautista Garcés” desplegó por primera vez sus combatientes milicianos por la sierra de Córdoba antes del 20 de agosto de 1936, en la frustrada operación del ataque a Córdoba de esa fecha.

Mandó el Batallón inicial el comandante Enrique Vázquez, de Villanueva, que había ostentado la graduación de sargento en su servicio militar en África. Por poco tiempo, porque el 22 de diciembre de 1936, cuando cubría la retirada de sus hombres entre Villafranca y El Carpio, fue apresado por los franquistas y fusilado en el acto, dando vivas a la República. Luego, el poeta Pedro Garfias lo inmortalizó en uno de sus poemas de Héroes del Sur.

Sustituyó a Vázquez en el mando del “Garcés” el comandante Antonio Ortiz Roldán, jefe de las Milicias “Ramón Casanellas”, de Espejo, que se integraron en el Batallón “Garcés”, lo mismo que parte de las Milicias de Montilla y el Batallón “del Terrible”, de Peñarroya-Pueblonuevo, entre otras incorporaciones. De esta forma, el Batallón “Garcés” se había convertido en Regimiento de octubre de 1936.

Este Batallón se militarizó a comienzos de 1937 en la 73 Brigada Mixta (mandada por Bartolomé Fernández), junto con el Batallón Pedroches (Pozoblanco), el Batallón Raya (de Málaga) y parte de las Milicias de Jaén. Junto con las Brigadas 74 y 88, más la XIII Internacional dieron lugar a páginas heroicas en la defensa del norte de Córdoba (Los Pedroches) y obtuvieron la célebre victoria de la batalla de Pozoblanco, siendo jefe del sector el teniente coronel Joaquín Pérez Salas, militar profesional de Artillería.

Durante su exilio, el poeta Pedro Garfias, que fue comisario político del Batallón, inmortalizaría por todo México el nombre de Garcés en su poema “Capitán Ximeno”, que concluía con los versos: “… ¡Ay, Ximeno! / Capitán del Batallón de Garcés. / ¡Capitán / de la cabeza a los pies!”

El recuerdo de Bautista Garcés Granell será el de un líder sindical y político que luchó por los derechos de la clase trabajadora en un momento histórico de especial dificultad en España. Su vida y su muerte simbolizan la represión que sufrieron muchos dirigentes de izquierdas al comienzo de la Guerra Civil en Andalucía.

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