Antonio Cañero nació en Córdoba el 1 de enero de 1885, en una familia profundamente ligada al mundo del caballo. Hijo de un profesor de equitación, desde muy joven se formó en las artes ecuestres, disciplina en la que pronto destacó. Esa vocación le llevó también a la carrera militar, donde alcanzó el grado de capitán de Caballería. Su vida, marcada por el dominio del caballo, transcurrió entre la tradición, el espectáculo y los profundos conflictos políticos y sociales de la España del primer tercio del siglo XX.

Antes de dedicarse profesionalmente a la tauromaquia obtuvo reconocimiento en numerosos concursos hípicos celebrados en España, Francia y Portugal, logrando premios de prestigio que consolidaron su fama como jinete excepcional. Aunque ya en 1913 había participado de forma esporádica en festivales taurinos como torero a pie, no fue hasta más adelante cuando encontró su verdadera vocación artística.

El punto de inflexión llegó el 14 de octubre de 1921, durante una corrida patriótica celebrada en Madrid, en la que obtuvo un resonante triunfo. A partir de ese momento se consagra como torero profesional, desarrollando una novedosa interpretación del toreo a caballo. Sus verdaderos comienzos como rejoneador profesional se sitúan el 2 de septiembre de 1923, fecha a partir de la cual se convirtió en la figura clave del renacimiento de una práctica taurina que llevaba décadas relegada frente al toreo a pie.

Antonio Cañero no solo recuperó el rejoneo, sino que lo sistematizó y modernizó. Introdujo una estructura definida a la lidia a caballo, incorporó la muerte del toro como parte central del espectáculo y, en ocasiones, bajaba del caballo para enfrentarse al animal con la muleta. Este planteamiento, audaz para su tiempo, fue acogido con entusiasmo por el público entre 1923 y 1925. También fijó una indumentaria que acabaría convirtiéndose en modelo para generaciones posteriores de rejoneadores.

Su fama traspasó fronteras. Actuó en plazas europeas y participó en espectáculos ecuestres de gran notoriedad, como el celebrado en París el 1 de noviembre de 1925. Sin embargo, su proyección internacional fue irregular. Una grave cogida en la plaza de Bilbao, así como las dificultades para implantar la corrida completa de rejón en países como Portugal, donde estaba prohibida la muerte del toro en público, frenaron su expansión. A pesar de un triunfo extraordinario en Ciudad de México en 1927, su presencia en los carteles fue disminuyendo progresivamente hasta su retirada definitiva en 1935.

El estallido de la Guerra Civil en 1936 marcó un giro radical en su vida pública. Antonio Cañero se convirtió en el referente de un escuadrón de voluntarios de ideología fascista, integrado por caballistas, capataces y personal ligado a grandes fincas agrícolas. Este grupo, conocido como el Escuadrón de Cañero, participó activamente en operaciones militares y represivas en distintas localidades de la provincia de Córdoba y en Andalucía, dentro de columnas sublevadas. Su actuación en la llamada “limpieza de la sierra” ha sido asociada a ejecuciones extrajudiciales y episodios de violencia extrema, aspectos que han marcado de forma muy controvertida su memoria histórica.

Paralelamente a su carrera taurina y militar, fue una figura conocida en los ambientes culturales de la época, sobre todo tras su relación con la actriz francesa Jeanne Roques, Musidora, icono del cine mudo europeo. Musidora llegó a España en 1921 y, a través del círculo del pintor Julio Romero de Torres, entabló relación con Cañero, entonces un rico hacendado y personaje destacado de la vida social cordobesa. La actriz permaneció varios años en España, una experiencia que reflejó en varias de sus películas y que quedó inmortalizada en la pintura que con su mismo nombre realizó Julio Romero de Torres.

Antonio Cañero falleció el 21 de febrero de 1952. Su figura permanece como una de las más influyentes en la historia del rejoneo, al que devolvió protagonismo y forma moderna. Sin embargo, su legado no puede desligarse de los claroscuros de su tiempo: junto a la innovación artística y el esplendor del espectáculo ecuestre, pesa también su implicación en la violencia de la Guerra Civil. Su biografía resume, en buena medida, las contradicciones de una España atravesada por la tradición, la modernidad y el conflicto.

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