Tres años de guerra en Granada

La provincia de Granada fue también escenario de intensos conflictos sociales y políticos en los años previos al estallido de la Guerra Civil española. El 18 de julio de 1936, el golpe militar encontró una tierra atravesada por tensiones entre una estructura social tradicional, muy dependiente del latifundio y de una burguesía urbana conservadora, y un campesinado que ya desde el siglo XIX clamaba por reformas agrarias y mejores condiciones de vida. La capital cayó muy pronto en manos de los sublevados pero la provincia quedó dividida en dos con núcleos leales a la República en la Alpujarra, la Vega y las sierras de Baza y Huéscar. Estudiar el conflicto bélico en esta tierra es, por tanto, adentrarse en una realidad compleja donde se cruzan la política nacional, la estructura social local y la experiencia humana de miles de hombres y mujeres atrapados en un conflicto que transformó para siempre la vida de Andalucía.

UNA PROVINCIA DIVIDIDA

Sublevación y acciones bélicas entre 1936 y 1939

La capital, fiel reflejo de esas divisiones, albergaba una potente presencia eclesiástica y universitaria que convivía con organizaciones obreras cada vez más activas. El triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 había generado esperanzas entre las clases populares, pero también un profundo temor entre sectores de propietarios y élites conservadoras. Ese clima de polarización explica la dureza con que se desarrollaron los acontecimientos tras la sublevación.

Granada fue una de las ciudades andaluzas que cayó rápidamente en manos de los sublevados, tras el éxito del alzamiento militar liderado realmente por un conjunto de oficiales del ejército aunque el bando de guerra los firmase el general Campins, tuvo una resistencia inicial en el Albaicín que pronto quedaría neutralizada. Mientras la capital quedaba bajo el control de los militares golpistas, en numerosos pueblos de la provincia, especialmente en la Alpujarra, la Vega y las sierras de Baza y Huéscar, se organizaron comités y milicias populares que mantuvieron la fidelidad a la República. Esta dualidad convirtió a Granada en un territorio partido en dos, donde la guerra adoptó pronto un carácter de frontera interna, con frentes estables y una violencia política marcada por represalias.

El caso de Granada es especialmente significativo por la dureza de la represión ejercida desde los primeros días en la capital y las localidades controladas por los sublevados. Intelectuales, cargos políticos, sindicalistas y campesinos fueron víctimas de ejecuciones sumarias y encarcelamientos. El nombre de Federico García Lorca, asesinado en agosto de 1936 en el entorno de Víznar y Alfacar, se convirtió en símbolo universal de esa violencia, aunque miles de granadinos anónimos compartieron un destino semejante.

En el otro extremo, en los pueblos que permanecieron bajo dominio republicano, la radicalización del conflicto se tradujo también en episodios de violencia contra el clero y personas vinculadas a las derechas. Así, la provincia fue un microcosmos de la tragedia nacional: fractura ideológica, choque social y enfrentamiento armado entre vecinos y familias.

El paisaje granadino, con sus montañas y desfiladeros, marcó el curso de la guerra. La Alpujarra se convirtió en refugio de guerrilleros, Sierra Nevada en escenario de duros combates, y la costa en punto estratégico de abastecimiento. Pero más allá de la geografía, la guerra dejó una huella profunda en la memoria colectiva: la desarticulación de comunidades, el silencio impuesto tras la victoria franquista y las heridas aún presentes en la historia reciente.

 

 

El golpe triunfa en la ciudad 

Granada fue una de las primeras ciudades andaluzas en caer bajo el control del golpe militar. El 20 de julio de 1936, la guarnición militar se sublevó y copó el poder local, deteniendo al gobernador civil y al presidente de la Diputación provincial. La resistencia republicana se concentró en el Albaicín, que cayó tras tres días de combates. Desde entonces se produjo una terrible represión en la ciudad bajo mando de José Valdés Guzmán y grupos falangistas como la temida Escuadra Negra, responsable del asesinato en el Barranco de Víznar de figuras como Federico García Lorca, el alcalde socialista Manuel Fernández Montesinos y numerosos intelectuales, profesores y sindicalistas

Represión masiva y fusilamientos en el cementerio

Durante los primeros meses del conflicto, la represión se volcó en ejecuciones sistemáticas: se calcula que entre 3. 969 y 5. 000 personas fueron fusiladas en las tapias del cementerio de San José entre 1936 y 1956, incluidos numerosos moderados, catedráticos y figuras locales. El cementerio se convirtió en una “carretera de la muerte” simbólica, con camiones cargados de prisioneros recorriendo la colina de la Alhambra noche tras noche.

 

El frente de Granada

Cuando comenzó la guerra, la provincia de Granada se sumó rápidamente al levantamiento militar contra la República, aunque el bando oficial no se firmó hasta el 20 de julio, en circunstancias de gran presión sobre las autoridades locales.

En la capital, hubo resistencia por parte de grupos leales al Gobierno, especialmente anarquistas de la CNT que se hicieron fuertes en el barrio del Albaicín,  de gran predicamento obrero. Sin embargo, después de varios días de lucha, la resistencia fue vencida, ejecutándose a un buen número de  milicianos.

Al igual que ocurrió en otras partes de España, la provincia de Granada quedó dividida en dos zonas. La parte occidental quedó controlada por los sublevados, mientras que la oriental permaneció fiel a la República.

En un principio, los militares rebeldes solo lograron controlar la capital y algunos pueblos cercanos, pero con el tiempo fueron ocupando más localidades como Alhama, Motril y Montefrío. Esta división del territorio se mantuvo prácticamente hasta el final de la guerra.

Desde los primeros días del conflicto comenzó una fuerte represión. Ya el 23 de julio se iniciaron procesos judiciales, y apenas cinco días después se dictaron las primeras sentencias de muerte. Además de las ejecuciones registradas oficialmente, se calcula que hubo miles de víctimas más de las que no quedó constancia documental alguna. De hecho, las fuentes más moderadas estiman en torno a 7.000 las personas fusiladas,  muertas en prisión o ejecutadas sin juicio. Otros estudios, sin embargo, elevan esa cifra hasta cerca de los 12.000 represaliados en toda la provincia.

La represión afectó a muchos sectores de la sociedad. Políticos, alcaldes, concejales, sindicalistas y personas relacionadas con la República sufrieron prisión o fueron ejecutados. También se persiguió a maestros, funcionarios y, en general, a cualquiera que se considerara cercano al bando republicano. Incluso después del conflicto bélico, se continuó buscando a quienes huyeron a las montañas para evitar la represión.

Además, muchas personas sufrieron sanciones económicas, multas y encarcelamientos que empeoraron aún más sus condiciones de vida. La situación fue especialmente dura en una población ya empobrecida por la guerra.

En cuanto al frente militar, Granada tenía una larga línea de combate que atravesaba la provincia en varias direcciones. Esta línea estaba defendida por diferentes unidades del ejército republicano, organizadas en divisiones y brigadas. Estas fuerzas intentaban contener el avance del enemigo a lo largo de cientos de kilómetros, desde el norte hasta la costa mediterránea.

 

Granada

Tropas emplazadas junto al ayuntamiento el 20 de julio de 1936

Granada

Tropas sublevadas toman el Gobierno Civil el 20 de julio de 1936

Guadix

Construcción de refugios antiaéreos durante la guerra

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