
Javier Tubío Aranda nació en Lucena el 3 de diciembre de 1878, en el seno de una familia acomodada y culta donde pudo tener una formación sólida. Desarrolló su carrera profesional como perito mercantil, contable e inspector de seguros.
Sus inicios en la política tuvieron lugar muy probablemente en 1910 tras fundarse la agrupación lucentina del Partido Republicano Radical, liderado por Alejandro Lerroux. En una ciudad dominada por el caciquismo liberal y la manipulación de los resultados electorales, el republicanismo era una opción política minoritaria y difícil. Frente al poder del duque de Almodóvar del Valle, Martín Rosales Martel, Tubío y otros republicanos encabezaron una oposición persistente al sistema de la Restauración, denunciando fraudes en las elecciones y abusos de poder.
Su perseverancia dio frutos en 1914, cuando Javier Tubío se convirtió en el primer concejal republicano del siglo XX en Lucena. Desde entonces fue una figura clave del Ayuntamiento, destacando por su actividad, sus intervenciones en los plenos y la presentación constante de mociones. Revalidó su acta en todas las elecciones municipales celebradas hasta el golpe de Estado de 1923, siendo el único concejal republicano que mantuvo el cargo de forma ininterrumpida durante casi una década.
Durante los años de agitación social del llamado trienio bolchevique (1918-1921), el republicanismo lucentino creció en influencia, especialmente entre las clases trabajadoras. Tubío participó activamente en la reorganización nacional del republicanismo y llegó incluso a presentar —aunque luego retiró— su candidatura a diputado a Cortes en 1920. La dictadura de Miguel Primo de Rivera puso fin a esta etapa al suspender todos los ayuntamientos democráticos en 1923.
Además de su actividad política, Javier Tubío fue una figura destacada de la masonería, iniciándose en 1919 en la logia Turdetania con el nombre simbólico de Voltaire. En los años siguientes alcanzó un papel relevante en la logia Isis Lucentino, que reunió a buena parte de los dirigentes republicanos y progresistas de la localidad. Para muchos de ellos, la masonería fue un espacio de compromiso ético y político, defensor de la libertad de pensamiento, la laicidad, la igualdad ante la ley y la justicia social.
Con la caída de la dictadura y la convocatoria de elecciones municipales en abril de 1931, Javier Tubío fue uno de los principales protagonistas del triunfo republicano en Lucena. El 16 de abril fue nombrado alcalde provisional y al día siguiente elegido alcalde por el pleno municipal. Su breve mandato, de apenas tres meses, estuvo marcado por la grave crisis obrera. Renunció a su sueldo como alcalde y centró su gestión en buscar ayudas, obras públicas y empleo para los trabajadores desempleados, en un contexto sin subsidios ni protección social.
Tras su dimisión en julio de 1931, continuó vinculado a la política republicana. El giro conservador del Partido Republicano Radical lo llevó a integrarse en Acción Republicana, posteriormente Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña. En 1936, tras la victoria del Frente Popular, regresó al Ayuntamiento como segundo teniente de alcalde, participando de nuevo en gestiones para aliviar el paro y la pobreza.
El golpe de Estado del 18 de julio de 1936 truncó definitivamente su vida. En Lucena no hubo guerra, sino una dura represión. Javier Tubío fue detenido el 31 de julio, encarcelado y sometido a humillaciones. A pesar de los intentos de su familia por salvarlo, fue sacado de la prisión en la noche del 28 al 29 de septiembre de 1936 y fusilado junto al cementerio de Cabra, a los 58 años. Su cuerpo fue enterrado en una fosa común y nunca fue recuperado.
Tras su asesinato, su familia sufrió la represión económica del régimen franquista mediante expedientes de incautación de bienes y sanciones impuestas por la Ley de Responsabilidades Políticas, que castigaba incluso a los fallecidos. Solo tras años de trámites y penalidades su viuda y su hija pudieron recuperar la herencia familiar.
Javier Tubío Aranda fue el primer fusilado de la Guerra Civil inscrito en el Registro Civil de Lucena, aunque su muerte no se anotó hasta más de un año después. Su figura simboliza a una generación de republicanos locales comprometidos con la democracia, la justicia social y la libertad, cuyo recuerdo fue silenciado durante décadas. Hoy su historia forma parte esencial de la memoria democrática de Lucena y de la lucha por rescatar del olvido a quienes defendieron pacíficamente un país más justo.
