
Santiago Rodríguez Martín nació en Gabia Grande el 3 de noviembre de 1906. Desde joven mostró vocación por la enseñanza y se convirtió en Maestro Nacional, ejerciendo en Ventas de Huelma desde 1931, donde era profundamente querido y respetado por sus vecinos. Su cercanía y compromiso con la comunidad le permitió ser elegido alcalde por el Frente Popular, demostrando que su liderazgo iba más allá del aula.
Santiago también era recordado por su elegancia y buen gusto, legado de su padre, sastre de profesión, natural de Albuñol. En 1931 se casó con Antonia Sánchez Ortega, conocida como Antoñica la de las pilas, y juntos tuvieron tres hijos: Luis, Santiago y Antonia. Aunque trabajaba en Ventas de Huelma, solía pasar las vacaciones en su Gabia natal, donde vivía con su familia en la actual calle Progreso.
El estallido de la Guerra Civil convirtió su vida en un peligro constante. Santiago, consciente del Golpe de Estado, intentó protegerse escondiéndose en casa de un amigo. Sin embargo, la familia de éste informó a la Guardia Civil y fue detenido. Su caso se enmarca en la denominada Depuración del Magisterio Español, una purga sistemática que buscaba eliminar a los maestros republicanos, considerados responsables de “falsas doctrinas». De hecho, en su localidad también fueron fusilados otros maestros como Antonio Guzmán García y Antonio Hurtado «El Carlino».
Los testimonios recuerdan que un acto aparentemente menor desencadenó la tragedia final: durante una procesión en Ventas de Huelma, Santiago reprendió a un sargento de la Guardia Civil por su comportamiento irrespetuoso. Este mismo sargento, movido por venganza, se encargó de su detención. En el cuartel de las Palmas, Santiago fue víctima de inhumanos malos tratos, antes de ser fusilado.
El 10 de agosto de 1936, a los 29 años, Santiago fue ejecutado en las tapias del Cementerio de Granada y arrojado a una fosa común. Su muerte fue inscrita oficialmente el 6 de septiembre de 1936 en el Registro Civil de Granada, “a consecuencia de disparos por arma de fuego, según resulta de la orden recibida”.
La tragedia siguió golpeando a su familia: diez meses después de su muerte, su hija Antonia falleció de sarampión con apenas año y medio. Su hijo mayor, Luis, apenas tenía cuatro años, y los mellizos Santiago y Antonia solo ocho meses cuando perdieron a su padre.
Santiago Rodríguez Martín representa la memoria de los maestros republicanos que fueron perseguidos, la injusticia de la represión franquista y la fuerza de quienes dedicaron su vida a la enseñanza y al servicio de su comunidad, incluso en tiempos de violencia y miedo.
