
Bernabé Copado Agenjo nació en Villanueva de Córdoba el 26 de junio de 1893, en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas. Desde muy joven sintió la vocación al estado clerical, ingresando en la Compañía de Jesús en 1908. Comenzó entonces una intensa etapa de formación intelectual y espiritual que concluiría con su ordenación sacerdotal en Barcelona el 28 de julio de 1923.
A lo largo de los años siguientes desarrolló una intensa labor pastoral. Fue superior de diversas casas jesuitas en Andalucía, donde destacó por su capacidad organizativa y su cercanía con las comunidades a las que servía. También ejerció como misionero popular, recorriendo pueblos y ciudades para predicar, orientar espiritualmente y fortalecer la vida religiosa de la población, destacando por su particular cruzada contra las creencias y prácticas religiosas populares que se apartaban de la ortodoxia católica. Muchas pequeñas aldeas y cortijadas, en las que trabajadores agrícolas habitaban en chozas o viviendas humildes y la presencia del clero era generalmente escasa por no existir una iglesia cercana, era común que aflorasen formas de aproximarse a lo sobrenatural que no encajaban dentro de los rituales establecidos por la Iglesia. Los principales exponentes de estas prácticas el margen de la religiosidad oficial eran los curanderos, que ejercían una gran influencia en numerosas zonas del mundo rural andaluz.
Entre los curanderos y adivinos que Copado encontró a lo largo de sus viajes hubo uno que le preocupó sobremanera: Ángel Custodio Pérez Aranda. Este hombre, nacido en 1885 en La Hoya del Salobral, aldea perteneciente al municipio de Noalejo, en la provincia de Jaén, era conocido popularmente como «Santo Custodio». Su fama no sólo se extendía por tierras jiennenses, sino también por las de Córdoba y Granada. Se afirmaba incluso que recibía pacientes de Madrid y otras zonas distantes de la geografía peninsular.
Para la Iglesia del régimen franquista resultaba intolerable la presencia de estas figuras y cuando no conseguían por sus propios métodos alejar a los fieles de su influencia, se decantaban por utilizar las intimidaciones oficiales que, en este caso, fueron llevadas a cabo desde el Gobierno Civil de la provincia.
Durante la Guerra Civil Española (1936–1939) su trayectoria tomó un rumbo singular. Actuó como capellán castrense, acompañando a la llamada Columna Redondo (integrada fundamentalmente por requetés sevillanos) en sus desplazamientos por Andalucía. Desde esa experiencia vivió directamente los acontecimientos del frente y la retaguardia. Más tarde, escribió varios libros en los que relató sus vivencias durante la guerra, textos que hoy constituyen testimonios de primera mano sobre el papel del clero en el conflicto.
Finalizada la contienda, Bernabé Copado orientó su vida hacia una tarea que marcaría su legado más duradero: el Apostolado Social. Consciente de la dura realidad de la posguerra, especialmente para la infancia y la juventud sin recursos, emprendió numerosas iniciativas de ayuda y formación.
En Málaga fundó las Siervas de Cristo Abandonado, dedicadas a la atención de niños con graves problemas familiares. Creó también la Institución de Cristo Abandonado, destinada a la formación de jóvenes desamparadas. En Sevilla y Cádiz impulsó las Casas del Niño Jesús, centros que ofrecían acogida, educación y sustento a niños huérfanos o de familias muy humildes.
Falleció en la capital malagueña el 16 de agosto de 1975.
