
Antonio Cordón García fue un militar y destacado dirigente del Partido Comunista de España (PCE) que desempeñó un papel fundamental en la organización y dirección del Ejército de la República durante la Guerra Civil española. Alcanzó el grado de general republicano y, años más tarde, también el de general soviético, reflejo de su prolongada vinculación con la Unión Soviética tras el exilio.
Nacido en Sevilla un 25 de julio de 1895, fue el primogénito del matrimonio formado por Antonio Cordón López, empleado de Aduanas, y Teresa García y Garci-Quijada, natural de Álora (Málaga). Desde muy joven mostró inclinación por la carrera militar e ingresó en la Academia de Artillería de Segovia en 1911, con tan solo dieciséis años. Durante sus primeros años como oficial fue destinado al Marruecos español, donde participó en las campañas de la Guerra de Marruecos.
Aquella experiencia resultó decisiva en su formación ya que fue testigo directo de la precariedad material, la deficiente organización y las graves carencias del Ejército español de la época, circunstancias que influyeron profundamente en su posterior concepción de la guerra y de la necesidad de una profunda reforma militar.
Durante la década de 1930, y al amparo de las Leyes de Azaña, Cordón pasó a la reserva. Sin embargo, tras el estallido de la Guerra Civil en julio de 1936, regresó de inmediato al Ejército para defender a la República frente al levantamiento militar. Desde los primeros momentos del conflicto se convirtió en una figura clave en el proceso de transformación de las milicias populares en un ejército regular, disciplinado y capaz de enfrentarse a las fuerzas sublevadas. Su capacidad organizativa y su visión estratégica le valieron un rápido ascenso y una creciente influencia en los círculos políticos y militares republicanos.
La carrera de Antonio Cordón fue meteórica y paralela a su consolidación dentro del Partido Comunista de España, al que se había adherido firmemente. Alcanzó el cargo de subsecretario de Defensa y se convirtió en uno de los colaboradores más cercanos del presidente del Gobierno, Juan Negrín, formando parte del núcleo dirigente que sostuvo el esfuerzo bélico republicano hasta el final de la guerra.
Desempeñó un papel destacado en la adquisición de material de guerra procedente de la Unión Soviética, como los aviones Chato y Mosca o los tanques T-26, fundamentales para la resistencia republicana en los primeros compases del conflicto. Participó en algunos de los principales escenarios militares de la guerra, entre ellos el asedio al Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, considerado por muchos historiadores como su actuación bélica más brillante. También intervino en la ofensiva de Zaragoza, la toma de Belchite, la batalla de Teruel y las operaciones del Frente de Aragón, donde fue adjunto del general Sebastián Pozas Perea y posteriormente jefe de su Estado Mayor en el Ejército del Este.
Tras la derrota republicana en Aragón, fue ascendido y nombrado jefe del Estado Mayor del Grupo de Ejércitos de la Región Oriental (GERO). Desde este puesto participó en la decisiva Batalla del Ebro (julio–noviembre de 1938) y, más tarde, en la Campaña de Cataluña, último gran intento republicano por revertir el curso de la guerra. Tras la caída de Cataluña, Cordón pasó al exilio en Francia, aunque regresó brevemente a la zona centro de España. Sin embargo, tras el golpe de Estado del coronel Casado en marzo de 1939, abandonó definitivamente el país. El 6 de marzo de 1939 partió desde un aeródromo provisional cercano a Monóvar rumbo a Orán, y posteriormente se trasladó a París.
Desde allí inició un largo exilio que lo llevaría finalmente a la Unión Soviética, país en el que rehízo su vida personal, contrajo matrimonio y tuvo una hija, mientras que en España dejaba una esposa y seis hijos. En el exilio soviético, Antonio Cordón mantuvo una intensa actividad política e intelectual. Formó parte del Comité Central del PCE y colaboró estrechamente con figuras como Dolores Ibárruri, “la Pasionaria”, y Santiago Carrillo. Fue amigo personal de Rafael Alberti y María Teresa León, con quienes compartió los primeros momentos del exilio.
Publicó sus memorias bajo el título Trayectoria, una obra de gran valor testimonial para comprender la organización militar republicana y las tensiones internas del bando leal durante la guerra.
Antonio Cordón García falleció en Roma el 23 de enero de 1969. Años más tarde, con la llegada del cambio político en España, sus restos fueron finalmente repatriados, cerrando simbólicamente el largo periplo de uno de los militares republicanos más influyentes del conflicto.
