Lino Tejada Rodríguez fue un policía y político cuya trayectoria quedó estrechamente ligada a los acontecimientos más dramáticos de la Segunda República y la Guerra Civil española. Su carrera, marcada por responsabilidades de alto riesgo en un contexto de extrema violencia y descomposición institucional, terminó de forma trágica tras la victoria franquista.

Nacido el 7 de febrero de 1901 en Muiños, en la comarca gallega de la Baja Limia, fue el segundo de los ocho hijos del matrimonio formado por Segunda Rodríguez Rodríguez y Javier Tejada Armada, vinculados a una antigua familia de terratenientes de la zona, aunque la fortuna familiar se había ido diluyendo durante el primer tercio del siglo XX como consecuencia de repartos hereditarios, una gestión deficiente y el progresivo empobrecimiento del mundo rural gallego.

Este contexto de declive económico no fue ajeno a la trayectoria vital de Lino Tejada, que optó por una carrera en la administración del Estado como vía de promoción y estabilidad profesional. De este modo, en 1924 se presentó a las oposiciones del Cuerpo de Vigilancia (antecedente del actual Cuerpo Nacional de Policía), donde ingresaría oficialmente el 1 de octubre de ese año.

A lo largo de la década de 1920 y comienzos de la de 1930, Tejada desempeñó diversos destinos en Almería, Orense y nuevamente Almería, ascendiendo en diciembre de 1930 a agente de segunda. En febrero de 1934 fue trasladado a Melilla, una plaza sensible desde el punto de vista político y militar, lo que evidencia la confianza que sus superiores depositaban en él.

En 1936, Lino Tejada se encontraba destinado en Jaén, donde ejercía como secretario particular del gobernador civil. Tras el golpe de Estado de julio de ese año, Tejada desempeñó un papel decisivo junto al diputado socialista Alejandro Peris Caruana para asegurar el control del Gobierno Civil y neutralizar la sublevación en la provincia. Las medidas adoptadas —algunas de ellas forzadas sobre el propio gobernador, Luis Rius Zunón— fueron determinantes para el fracaso del golpe militar en Jaén, convirtiendo la provincia en una de las que permanecieron fieles a la República durante toda la guerra.

Un mes después, Tejada participó en la organización del traslado de más de 550 presos que se encontraban hacinados en la catedral de Jaén hacia la prisión de Alcalá de Henares. Estos convoyes ferroviarios pasarían a la historia como los “trenes de la muerte”, al producirse durante el trayecto el asesinato de más de doscientos reclusos por milicianos anarquistas en las cercanías de Madrid. Aunque Lino Tejada no intervino directamente en la masacre, fue posteriormente inculpado por estos hechos, quedando su nombre asociado a uno de los episodios más oscuros de la retaguardia republicana.

En agosto de 1936, el nuevo gobernador civil de Jaén, Manuel Martín Galeano, lo nombró delegado gubernativo especial para intervenir en el conflicto del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, donde un grupo de guardias civiles se había concentrado en abierta rebeldía contra la República. Desde septiembre de ese año, Tejada llevó a cabo una intensa labor de inspección, negociación y presión psicológica: entrevistas, comunicaciones escritas, lanzamiento de octavillas e incluso bombardeos del recinto. Ante la negativa de los sublevados a rendirse, dio por finalizada su misión el 25 de septiembre, quedando las operaciones en manos del mando militar republicano.

Durante la guerra, Tejada siguió acumulando responsabilidades. En 1937 fue nombrado secretario de la Junta Provincial de Defensa Pasiva Contra Aeronaves (DECA) en Jaén, organismo encargado de la protección civil frente a los bombardeos. Asimismo, fue el principal responsable de la organización del Servicio de Información Militar (SIM) en la provincia, una estructura clave de inteligencia y contraespionaje del bando republicano, cuya actuación sigue siendo objeto de debate histórico.

En mayo de 1938 acompañó a Ricardo Mella Serrano a Alicante, donde este fue nombrado gobernador civil. Tejada continuó ejerciendo como su secretario particular hasta febrero de 1939. Tras el cese de Mella, y en medio del colapso institucional de la República, Lino Tejada quedó al frente del Gobierno Civil de Alicante de manera interina durante dieciocho días, sin nombramiento oficial, en un contexto de desorden, evacuaciones masivas y derrota inminente.

Tras el final de la guerra, Tejada contaba con una pésima reputación entre las nuevas autoridades franquistas. Ya había sido dado de baja del Cuerpo de Investigación y Vigilancia al inicio del conflicto y era considerado responsable de graves delitos políticos.

Fue detenido en Madrid el 6 de julio de 1939 y trasladado a la prisión provincial de Jaén. Allí fue sometido a un consejo de guerra sumarísimo, que lo condenó a muerte. La sentencia se ejecutó por fusilamiento el 20 de septiembre de 1940. Sus restos fueron enterrados en una fosa común del cementerio de San Eufrasio, sin identificación individual.

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