José Trujillano Carabante nació en 1903 en Casares, en el seno de una familia campesina. Creció en un entorno marcado por la dureza del trabajo rural y la desigualdad social. Desde niño conoció el esfuerzo diario como pastor, espartero y jornalero, oficios que forjaron su carácter y su temprana conciencia social.

Cumplió el servicio militar en las tropas de Regulares, participando en operaciones de guerra en el Protectorado español de Marruecos. Autodidacta incansable, leía libros y periódicos sobre política, sindicalismo y cultura general. En el trabajo solía leer en voz alta la prensa a sus compañeros analfabetos, convirtiéndose poco a poco en un referente moral e intelectual entre los trabajadores.

En un contexto de explotación agraria y poder caciquil, participó activamente en la organización obrera de Casares. En 1930 fue uno de los impulsores del Centro Agrario, creado para defender a los jornaleros frente a una burguesía terrateniente que, en connivencia con el Ayuntamiento, mantenía a los trabajadores en condiciones casi feudales. Un año después contribuyó a la creación de la organización sindical La Defensa del Trabajo de Oficios Varios, federada a la UGT, y en 1932 del Centro de Estudios Sociales Juventud Obrera Socialista, de clara inspiración socialista.

Durante el llamado Bienio Negro (1934–1935) sufrió persecución y acoso por parte de los caciques locales en los ámbitos personal, laboral y político. Lejos de amedrentarse, fundó la Agrupación Socialista de Casares en 1934, reforzando la organización política de la clase trabajadora.

En febrero de 1936 ganó la Alcaldía de Casares como candidato del Frente Popular, gracias a la alianza entre socialistas y republicanos, junto al maestro Blas Infante López, representante de Izquierda Republicana. Su breve mandato estuvo marcado por el sabotaje constante de los antiguos empleados municipales y de los poderes tradicionales, el incumplimiento patronal de los acuerdos laborales y un clima de tensión social agravado por el enfrentamiento entre UGT y CNT y una huelga agraria indefinida.

El golpe de Estado del 18 de julio de 1936 supuso una ruptura definitiva. En Casares se creó el Comité Central de Defensa de la República, presidido por Antonio Gutiérrez Borrego, del que José Trujillano formó parte. Poco después se alistó como miliciano, combatiendo en los frentes de San Roque y Antequera. En diciembre de 1936 ingresó en el Cuerpo de Carabineros y luchó durante toda la guerra en los frentes de Córdoba, Madrid, Belchite y Teruel, alcanzando el grado de capitán.

Derrotada la República, comenzó un largo y duro exilio. En 1939 fue internado en el campo de concentración de Judes, en Septfonds (Tarn y Garona). Al año siguiente se estableció en Cordes-sur-Ciel, donde, junto a su hermana Ana Trujillano y Cristóbal Gavira, arrendó una finca para sobrevivir. Tras el llamamiento del general De Gaulle el 18 de junio de 1940, participó activamente en la organización de la resistencia antifascista. En el maquis desempeñó funciones de enlace de la guerrilla, realizando de noche y a pie, fuera de los caminos, peligrosas misiones de transporte de personas, armas, alimentos y material de transmisión.

Una delación puso su vida y la de los suyos en peligro. Los nazis registraron el cortijo y simularon el fusilamiento de Cristóbal Gavira ante las lágrimas de Ana Trujillano, mientras el pequeño Pedrito Pérez Trujillano observaba aterrorizado desde una ventana.

En Cordes, José siguió organizándose. Formó parte de un grupo de solidaridad para auxiliar a refugiados hospitalizados en Albi, militó en la Unión Nacional Española con la esperanza de que la liberación de Francia abriera el camino para acabar con el fascismo en España, colaboró con Solidaridad Española en ayuda a presos y perseguidos del franquismo y permaneció siempre fiel al PSOE en el exilio. Su compromiso socialista nunca derivó en sectarismo: defendió la unidad antifascista incluso cuando, durante la ilegalización del Partido Comunista en Francia en 1950, sufrió un registro policial e interrogatorio al aparecer su nombre como colaborador en una lista incautada.

Los últimos años de su vida transcurrieron trabajando en la construcción y cultivando una pequeña huerta en Les Cabannes, un pueblo cercano a Cordes. Lejos de su tierra, decepcionado y olvidado, pero sin renunciar jamás a sus ideales, José Trujillano murió en 1962 víctima de un cáncer.

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