Bruno Ibáñez Gálvez nació el 6 de octubre de 1886 en Zaragoza, mostrando desde muy joven inclinaciones por la vida castrense. A los 17 años ingresó en la Academia Militar de Toledo y, ya como oficial, participó en la guerra de Marruecos. Al igual que hicieron otros compañeros de armas, se uniría más tarde a la Guardia Civil, fuerza en la que desarrollaría el grueso de su vida profesional.

Con anterioridad a la guerra, participó en diversas acciones de orden público y represión, como la intervención contra huelgas obreras en las zonas de Puertollano o Riotinto. Estas experiencias contribuyeron a que se le viera como un funcionario disciplinado pero también firme en el uso de la fuerza.

Aunque ejercía como comandante pagador de la Guardia Civil de Ciudad Real, en la tarde del 18 de julio se encontraba casualmente en Córdoba, aunque no se presentó de inmediato a las autoridades militares y aguardó en el hotel donde se hospedaba en espera de cómo se desarrollaban los acontecimientos, hasta que al cabo de unos días lo hizo, en parte presionado por un compañero que le amenazó con denunciarlo.

El 22 de septiembre de 1936 fue designado por el general Queipo de Llano como Jefe de Orden Público en Córdoba y desde ese puesto, su nombre quedó asociado a la intensa represión que siguió al control de la ciudad por los sublevados.

Durante los meses finales de 1936 y comienzos de 1937, bajo la autoridad de Ibáñez se aplicaron medidas muy duras contra quienes eran considerados opositores al levantamiento militar o sospechosos de simpatizar con el gobierno republicano. Detenciones arbitrarias, fusilamientos y un ambiente de miedo en la ciudad. Las cifras de víctimas varían según las fuentes, pero distintos historiadores señalan que miles de personas fueron detenidas o ejecutadas bajo su responsabilidad, hasta el punto que este periodo en Córdoba ha venido siendo recordado como el “terror de Don Bruno”.

Además de la represión violenta, Bruno Ibáñez también promovió censura de libros y entretenimiento que consideraba peligrosos o contrarios a los valores del nuevo régimen. Sin embargo, su ilimitado poder comenzaría muy pronto a truncarse ante una serie de acusaciones de corrupción y vida licenciosa que se unían a los cada vez más frecuentes conflictos con distintos oligarcas locales. En mayo de 1937 abandona Córdoba con destino a Logroño donde desempeñaría un cargo similar y finalmente, en 1944, ya ascendido a coronel, prestará sus servicios en la comandancia de la Guardia Civil de León

Murió el 20 de marzo de 1947 a causa de una hemiplejía.

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