Juan Muñoz Fernández fue el último alcalde republicano de Almáchar y una de las figuras más significativas de la vida política y social del municipio durante la Segunda República. Su trayectoria y su trágica muerte reflejan con claridad el impacto de la Guerra Civil y la represión posterior en los pequeños pueblos de la Axarquía malagueña.

Almáchar, situado entre los ríos El Borje y Almáchar, en pleno corazón de la Axarquía, vivió con especial intensidad los acontecimientos de febrero de 1937, cuando el avance del ejército sublevado sobre Málaga provocó un éxodo masivo de población civil. Ante la llegada de las tropas italianas y los relatos de horror que traían los refugiados por la carretera de la costa, muchos vecinos decidieron huir hacia Almería. La retirada de las fuerzas republicanas hacia Motril facilitó que Almáchar fuera ocupado sin resistencia.

La reorganización de la vida municipal bajo el nuevo poder fue relativamente tardía. No sería hasta el 15 de febrero de 1937 cuando se constituyó la nueva Comisión Gestora Municipal, siguiendo órdenes del mando militar de Vélez-Málaga.

A partir de ese momento, el Ayuntamiento inició un proceso de transformación simbólica y política: se cambiaron los nombres de las principales calles para homenajear a los protagonistas del golpe de Estado y se aprobaron acuerdos cargados de exaltación ideológica del nuevo régimen.

En ese contexto de violencia y represión se inscribe la figura de Juan Muñoz Fernández. Siguiendo una tradición familiar de compromiso político —su padre, Francisco Muñoz Fernández, había sido también un destacado dirigente republicano—, Juan se convirtió en uno de los principales referentes de la izquierda local. Tras la impugnación de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 por las irregularidades cometidas por los caciques, encabezó la gestora municipal que dirigió el Ayuntamiento hasta la repetición de los comicios.

Las nuevas elecciones, celebradas el 31 de mayo de 1931 por orden del Gobierno de la República, dieron como resultado un empate entre radical-socialistas y socialistas, con cinco concejales cada uno. Juan Muñoz fue elegido alcalde de Almáchar y desempeñó el cargo hasta octubre de 1932, cuando un pacto entre ambas fuerzas llevó a la alcaldía a Juan Alcántara Reyes.

Aquellos años estuvieron marcados por un notable entusiasmo político y asociativo. Fruto de ello fue la creación del Círculo Republicano de Almáchar, del que Juan Muñoz fue presidente. Poco después, la entidad se alineó con el Partido Radical Socialista, adoptando el nombre de Centro Republicano Radical Socialista. Las crisis internas de este partido a partir de 1933 provocaron el paso de muchos de sus militantes al socialismo, entre ellos Juan Muñoz, que ese mismo año aparece como interventor socialista en las elecciones a Cortes. En 1934 formó parte de la junta directiva de la agrupación socialista El Porvenir, manteniendo su militancia activa hasta su muerte.

Cuando las tropas sublevadas avanzaron sobre la provincia de Málaga, Juan Muñoz, como tantos otros, emprendió la huida hacia Almería junto a su esposa y sus siete hijos, el menor de ellos recién nacido. El miedo, los bombardeos y la dificultad de avanzar con niños tan pequeños lo llevaron a tomar la decisión de regresar. Aunque su mujer insistió en que siguiera solo, Juan se negó a abandonarlos y confiaba en no correr peligro, convencido de que no había cometido ningún delito ni tenía responsabilidades en hechos de sangre.

 

En el camino de regreso fue detenido en Torrox y enviado hacia Vélez-Málaga, aunque nunca llegó a su destino. Un grupo de falangistas de Almáchar lo trasladó de nuevo al pueblo para interrogarlo. En el arresto municipal fue acusado de conocer a los responsables de la muerte de dos miembros de una familia acomodada del municipio. Al negarse a declarar, fue sometido a una brutal tortura: golpes continuos, agua con cal para beber y vinagre vertido sobre las heridas. Finalmente, le colocaron unos grilletes en la cabeza y los apretaron hasta provocarle la muerte.

En el Registro Civil, su fallecimiento quedó inscrito como un “colapso cardíaco” ocurrido en el arresto municipal el 13 de marzo de 1937, alrededor de las cuatro de la madrugada, según la declaración de testigos. No hubo reconocimiento médico ni firma facultativa.

Las vejaciones no terminaron con su muerte. A la familia se le impidió velar el cuerpo. El ataúd que su hermana había comprado fue utilizado para enterrar a un sacerdote fallecido en una cortijada cercana, y el cuerpo de Juan Muñoz fue arrojado a una zanja excavada en el pasillo tras la entrada del cementerio, un lugar de paso obligado, como forma de humillación póstuma.

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