
Manuel Aguilar-Galindo y Aguilar-Galindo nació en Marchena (Sevilla) el 28 de octubre de 1883, en una época de grandes transformaciones políticas y sociales en España. Desde joven se orientó hacia la carrera militar, formándose como oficial de artillería y ascendiendo dentro del ejército, un cuerpo profundamente implicado en la política y los conflictos sociales de las primeras décadas del siglo XX.
La experiencia y formación que acumuló durante este periodo lo situaron en primera línea cuando, en julio de 1936, parte del ejército se sublevó contra el gobierno de la Segunda República, dando comienzo a la Guerra.
En la provincia de Córdoba, una de las zonas donde la respuesta al golpe fue especialmente violenta, los sublevados tardaron varias horas en asegurar la ciudad. El coronel Ciriaco Cascajo y otros oficiales tomaron el Gobierno Civil y neutralizaron la resistencia republicana en la capital. En ese contexto, el comandante Manuel Aguilar-Galindo se incorporó desde el principio a las fuerzas sublevadas, coordinando operaciones militares que se llevarían a cabo tanto en la ciudad como en algunos pueblos cercanos.
Su primera intervención en la provincia tuvo lugar en Pedro Abad, donde la sublevación no había triunfado inicialmente. Al frente de sus tropas ordenó una dura represalia contra 14 vecinos después de que un grupo de milicianos acribillara a otros tantos derechistas antes de huir de la población, 12 en el local de la calle Ferrer Guardia donde los tenían retenidos y otros 2 en las inmediaciones.
Sin embargo, sería el 25 de julio de 1936, cuando al frente de una columna militar compuesta por legionarios, artilleros, guardias de asalto y simpatizantes derechistas, salió de la capital con el objetivo de tomar el control de Fernán Núñez, un pueblo de la campiña cordobesa con fuerte presencia obrera y sindical.
La columna penetró en el municipio tras breves enfrentamientos, liberó a los guardias civiles sitiados y llevó a cabo una dura represalia, deteniendo a un numeroso grupo de personas y ejecutando a muchas de ellas en la carretera de Córdoba, dando lugar a uno de los primeros fusilamientos masivos de la provincia durante la guerra.
Estos hechos causaron una huida masiva de la población obrera de la localidad y consolidaron el control de los sublevados en el territorio. La violencia ejercida por la columna del comandante Aguilar-Galindo se integró en un patrón de represión que se extendió a otros pueblos de Córdoba en los días siguientes.
Tras la victoria del bando franquista en 1939, Aguilar-Galindo continuó ascendiendo en la carrera militar, llegando a coronel de Artillería, siendo nombrado por el Ayuntamiento de Córdoba en 1944, hijo adoptivo de la ciudad, un honor que reflejaba el reconocimiento oficial del régimen hacia quienes habían liderado la sublevación en la provincia.
Con la consolidación de la democracia y la apertura de los archivos y debates sobre la memoria histórica, su figura ha sido objeto de crítica y revisión. Asociaciones y grupos de memoria han denunciado los honores concedidos, argumentando que sus acciones formaron parte de la represión franquista que supuso miles de víctimas en Córdoba y otras zonas de España.
