Tres años de guerra en Málaga
La Guerra Civil tuvo un impacto especialmente intenso en Málaga y su provincia, que permanecieron bajo control republicano hasta principios de 1937. La zona vivió fuertes tensiones sociales, violencia política y enfrentamientos entre distintos sectores desde el inicio del conflicto. La caída de la capital, tras la ofensiva de las tropas sublevadas con apoyo italiano, marcó un punto de inflexión en la provincia. Uno de los episodios más trágicos fue la huida masiva de civiles hacia Almería, conocida como “La Desbandá”. Este suceso, junto con la represión posterior, dejó una profunda huella en la memoria histórica malagueña.
INICIO Y DESARROLLO DEL CONFLICTO
Las acciones bélicas en la provincia DE MÁLAGA
La guerra civil española tuvo en Málaga y su provincia un desarrollo breve pero especialmente intenso, que se extendió durante unos siete meses, desde el 18 de julio de 1936 hasta el 8 de febrero de 1937. Tras el golpe de Estado, que fracasó en la ciudad, Málaga quedó en manos de la República y se convirtió en uno de los principales frentes del conflicto, junto a Madrid, Aragón y el norte peninsular. Este fracaso inicial se debió, en parte, a la indecisión de los mandos militares sublevados y a la rápida reacción de las fuerzas leales, apoyadas por sectores obreros organizados.
En los meses previos al estallido de la guerra, el clima político ya era extremadamente tenso. El triunfo del Frente Popular en las elecciones de 1936 estuvo acompañado de una escalada de violencia, con asesinatos de militantes de distintas ideologías que reflejaban la profunda polarización social. Este ambiente fue utilizado por los sublevados como justificación del golpe. Tras su fracaso en Málaga, muchos oficiales fueron detenidos, lo que condicionó la defensa militar de la ciudad. Al mismo tiempo, se produjeron asaltos a propiedades de las clases acomodadas, en un contexto de fuerte agitación social.
Durante los primeros meses de guerra, Málaga vivió un proceso revolucionario marcado por la violencia y el descontrol. Según testimonios como el de la escritora Gamel Woolsey, el miedo a los bombardeos y al avance del ejército sublevado alimentó una represión contra personas consideradas afines a la derecha. Se calcula que miles de personas murieron en este periodo. La economía también se transformó para sostener el esfuerzo bélico: grandes industrias fueron intervenidas, mientras que pequeños comercios siguieron funcionando para abastecer a la población.
La situación política interna tampoco fue estable. Socialistas, comunistas y anarquistas competían por el control, aunque finalmente el Partido Comunista fue ganando influencia. Con la llegada de Francisco Largo Caballero al gobierno de la República, se intentó poner fin al proceso revolucionario, restaurar la disciplina militar y reducir la violencia en la retaguardia. Sin embargo, estas medidas llegaron en un momento en que la presión militar sobre Málaga era ya muy fuerte.
Una provincia en guerra
El desarrollo del conflicto bélico en la provincia estuvo marcado por una gran diversidad de situaciones según las comarcas y localidades, aunque en términos generales se caracterizó por un rápido control inicial republicano seguido de una ofensiva contundente por parte de las fuerzas sublevadas que culminó a comienzos de 1937.
En las primeras semanas tras el golpe de julio de 1936, gran parte de la provincia quedó en manos de fuerzas leales a la República, apoyadas por milicias obreras y campesinas. En muchas localidades, el fracaso del levantamiento militar dio lugar a la formación de comités revolucionarios que asumieron el control político y social. Este fenómeno fue especialmente notable en zonas rurales y en núcleos urbanos donde existía una fuerte implantación sindical.
En la comarca de la Axarquía, con centros destacados como Vélez-Málaga, el control republicano se consolidó rápidamente. Se produjeron incautaciones de tierras y bienes, así como episodios de violencia política, especialmente durante los primeros meses del conflicto. La zona permaneció relativamente estable hasta la ofensiva franquista de comienzos de 1937, cuando las tropas sublevadas avanzaron desde el oeste y el norte, provocando el colapso del frente republicano.
En la Costa del Sol occidental, localidades como Marbella vivieron también una etapa inicial de dominio republicano. La represión en retaguardia fue significativa en ambos bandos, aunque en esta fase predominó la violencia en la zona republicana contra personas consideradas afines al alzamiento. La caída de estas localidades se produjo en el contexto de la ofensiva general sobre la provincia, con el avance de las tropas franquistas apoyadas por fuerzas italianas.
La Serranía de Ronda tuvo un desarrollo particularmente complejo. En la cabecera de la comarca, el golpe fue inicialmente contenido y la ciudad permaneció en zona republicana durante varios meses. Sin embargo, la represión interna fue intensa, con episodios muy conocidos de violencia revolucionaria. La situación cambió en septiembre de 1936, cuando las fuerzas sublevadas lograron tomar la ciudad tras una ofensiva desde la provincia de Cádiz. A partir de ese momento, la represión cambió de signo, consolidándose el control franquista en toda la zona.
Antequera fue uno de los pocos enclaves que cayó rápidamente en manos de los sublevados desde los primeros días del conflicto. Su posición estratégica, como nudo de comunicaciones, la convirtió en un punto clave para las operaciones militares. Desde allí se organizó parte del avance franquista hacia el resto de la provincia, sirviendo como base logística y militar.
En otras comarcas del interior, el conflicto adoptó características similares: control inicial republicano en muchas localidades, seguido de la progresiva ocupación por parte de las tropas sublevadas. El aislamiento geográfico de algunos pueblos dificultó la llegada de ayuda y favoreció la rápida caída ante el avance franquista.
El desenlace en la provincia llegó con la ofensiva de enero-febrero de 1937, cuando las fuerzas franquistas, con el apoyo decisivo del Corpo Truppe Volontarie italiano, avanzaron de forma coordinada desde varias direcciones. La resistencia republicana fue débil y desorganizada, lo que facilitó la rápida ocupación de las comarcas. Este avance culminó con la caída definitiva de toda la provincia y dio lugar a uno de los episodios más dramáticos del conflicto: la huida masiva de población civil hacia Almería.

Málaga
Multitud congregada ante la Aduana al inicio de la guerra

Ronda
Tropas del general Varela formadas en la plaza

Antequera
Tropas sublevadas en las proximidades del Torcal

Málaga
Buque prisión republicano atracado en el puerto

Málaga
Tropas sublevadas en las calles del centro

Málaga
Familias huyen de la ciudad por la carretera de Almería
La caída de Málaga
El final de la Guerra Civil en Málaga estuvo marcado por la rapidez de la victoria del bando sublevado y, sobre todo, por la dureza de la represión que siguió a la toma de la ciudad el 8 de febrero de 1937. Tras meses de resistencia republicana, la entrada de las tropas dirigidas por Gonzalo Queipo de Llano puso fin al frente malagueño y abrió una nueva etapa caracterizada por el control militar y la persecución sistemática de los vencidos.
Desde el mismo momento en que las tropas sublevadas ocuparon la ciudad, se desató una intensa represión. Todas aquellas personas sospechosas de simpatizar con la República o con organizaciones de izquierda fueron detenidas, fusiladas en el acto o encarceladas. Las detenciones fueron masivas y, en muchos casos, seguidas de ejecuciones sin juicio o con procesos sumarísimos.
Las propias fuentes falangistas hablaban ya entonces de unos 6.000 prisioneros, lo que da una idea de la magnitud de la represión. Las investigaciones posteriores han confirmado la existencia de al menos 3.600 cadáveres en fosas comunes de cementerios malagueños, aunque la cifra total sigue siendo objeto de debate histórico. El hispanista británico Hugh Thomas estimó en torno a 4.000 los fusilados, si bien subrayó la dificultad de establecer un número exacto debido a la falta de registros completos y fiables.
Esta violencia no fue un fenómeno aislado, sino parte de una política sistemática de eliminación de la oposición, que buscaba consolidar el nuevo poder y evitar cualquier posible resistencia en la retaguardia.
Tras estos acontecimientos iniciales, Málaga dejó de ser un frente activo de la guerra. A diferencia de otras zonas de España donde los combates continuaron hasta 1939, la ciudad permaneció bajo control del bando nacional durante el resto del conflicto sin episodios militares de gran relevancia.
Sin embargo, su importancia estratégica aumentó considerablemente. El puerto de Málaga se convirtió en un punto clave para las comunicaciones marítimas, facilitando el contacto entre la península, el norte de África —especialmente Marruecos—, Mallorca e Italia. Esta conexión fue fundamental para el abastecimiento y la logística del bando sublevado, reforzando su capacidad militar en otros frentes.
La relevancia política y simbólica de Málaga también quedó reflejada en la visita de Benito Mussolini el 19 de febrero de 1939, pocas semanas antes del final de la guerra. En la ciudad se reunió con el general Franco, en un encuentro que escenificaba la estrecha relación entre las fuerzas sublevadas y la Italia fascista, cuyo apoyo había sido decisivo durante el conflicto bélico.
El final de la guerra en Málaga no se limita a la ocupación militar, sino que está profundamente ligado a las consecuencias humanas y sociales que dejó la represión. Las fosas comunes, las cifras aún discutidas de víctimas y el silencio impuesto durante décadas forman parte de una memoria histórica compleja que sigue siendo objeto de investigación y reflexión.
Así, aunque la guerra terminó relativamente pronto en Málaga, sus efectos se prolongaron mucho más allá de 1937. La ciudad pasó de ser un frente activo a convertirse en un espacio de control y reconstrucción bajo el nuevo régimen, mientras la huella de la violencia quedaba grabada en la experiencia de varias generaciones.
